Ríndete hoy

Cuando tenía 18 años salió a la superficie, de un modo colorido, una decisión que tenía más que ver con mi corazón que con mi ocupación. Cuando era muchacho, leí la historia de un misionero que contrajo lepra en el campo misionero. La historia me obsesionó. Un día, sentí que el Señor me hacía una simple pregunta: Luis, ¿estás dispuesto a dar tu vida por amor a otros? ¿Estás dispuesto a contraer lepra por mí? 
Por fin, la paz reemplazó la tensión que sentía y supe la respuesta sincera. Señor, haré lo que sea que me pidas. Aunque signifique arriesgarme a contraer lepra por amor a la Buena Noticia, lo haré. Fue un momento de rendición. Un momento en el que me convertí en «sacrificio vivo».
Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo.Romanos 12:1
El concepto de darle todo al Señor no me resultaba abstracto. Antes de la muerte de mi padre, había visto su espíritu generoso extendido a cada aspecto de su vida. Desde el momento en que aceptó a Cristo, se comprometió por completo. En medio de la reunión, mientras la predicación estaba en su apogeo, de repente se levantó y anunció: «Recibo a Jesucristo como mi único y suficiente Salvador». Y se sentó. Fue así de simple. 
Su impulso a actuar mientras otros observaban fue característico de toda su vida. No andaba con vueltas ni titubeaba. Veía lo que era necesario hacer y lo hacía. Ese compromiso completo era una especie de generosidad. Las lecciones que me dejó mi padre no fueron muchas, pero fueron clave. Me mostró el poder que existe cuando una persona dice: «Todo lo que tengo es para el Señor».
Me mostró el poder que existe cuando una persona dice: «Todo lo que tengo es para el Señor».
Pensar en él me obliga a considerar qué áreas de mi vida le estoy retaceando al Señor. Tal vez tú también deberías considerarlo. A algunos les resulta fácil dar dinero para la causa de Jesús, pero no pueden imaginar dar de su tiempo, o peor, ¡arriesgar su reputación! A otros les resulta fácil ofrecerse como voluntarios, pero sus billeteras no se han convertido. ¿Nos estamos dedicando a Cristo y a Su reino como personas en su totalidad? ¿Estamos entregando todo nuestro ser —cuerpo, mente, alma y espíritu— a los pies de Jesús?
… Él murió por todos para que los que reciben la nueva vida de Cristo ya no vivan más para sí mismos. Más bien, vivirán para Cristo, quien murió y resucitó por ellos. 2 Corintios 5:14-15
Así es, Él pide todo, pero solo después de que Él mismo entregó todo. Tu tarea es simplemente obedecer al Señor Jesucristo y seguir Sus principios en tu vida. A partir de allí, ¿quién sabe cómo, cuándo o dónde te usará Él? Tu historia no es solo tuya; es Su historia así como también fue la mía. 
En el banquillo del juicio, en medio de todos mis traspiés, estoy seguro de que podré decirle esto a Aquel sentado en el gran trono blanco:«Padre, te obedecí. Cuando dijiste que fuera, fui».Fui. Él fue conmigo, cada kilómetro. Y valió la pena.
Ríndete hoy
Pregúntale al Señor qué quiere que entregues hoy. ¿Será tiempo? ¿Dinero? ¿Palabras? ¿Gratitud?Pregúntale y pregúntate a ti mismo si hay algo que le estés escatimando al Señor. Dáselo hoy. Dale tu vida. Dale tu historia. Un empujoncito del Espíritu, cuando se lo recibe y se lo obedece con gozo, puede transformarse en una avalancha de gracia abundante.Oro para que experimentes la profunda paz y gracia de entregarlo todo. 
Si te estás preguntando qué significa rendirle tu vida a Jesús por primera vez, o volver a comprometerte con Él, queremos ayudarte.

Bendiciones.
– Luis Palau

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